Este vino es un verdadero emblema de la tradición jerezana. En la solera de González Byass, uniendo dos grandes variedades, la autóctona Palomino Fino y la dulce Pedro Ximénez, nace este generoso de carácter único: un Oloroso que se transforma en un “Cream” gracias a la mezcla y dulzura controlada. Con la solera iniciada en 1847, representa siglos de sabiduría, paciencia y savoir-faire en las bodegas de Jerez de la Frontera (Andalucía, España).
Tras la vendimia manual y selección cuidadosa de las uvas, se procede a la fermentación del mosto de Palomino Fino hasta su grado alcohólico natural (~11-12 % vol.).
El vino base es fortificado hasta aproximadamente ~18 % vol. para iniciar su crianza oxidativa como Oloroso. (Variedades andaluzas de oloroso suelen fortificarse y evolucionar sin velo de flor).
El vino se integra a botas de roble americano (u otro roble tradicional para Jerez), bajo el sistema de criaderas y solera, que garantiza el ensamblaje continuo de generaciones de vino.
La edad media del conjunto puede no estar especificada en la etiqueta para este “Solera 1847”, pero el nombre rememora la creación de esta solera y su longevidad histórica.
Una vez alcanzado el carácter deseado el equilibrio entre la estructura del Oloroso y la dulzura/cremosidad del estilo “Cream”, el vino es embotellado sin mención de añada (NV).
En nariz, se siente un aroma profundo y complejo, donde predominan higos secos, pasas negras y un fondo de madera tostada y vainilla gracias a la crianza en roble. A ello se añaden notas de melaza, caramelo de azúcar moreno y un toque de almendra amarga
En boca, tiene una entrada suave, con textura cremosa y aterciopelada, resultado de la mezcla de uvas y el proceso “Cream”. Se aprecian sabores de chocolate negro, tofe caramelizado, cafés suaves, integrados en una estructura que aún conserva nervio y equilibrio gracias al Oloroso original.